lunes, 28 de marzo de 2011

Cultura y otras palabrejas


Que una sola palabra puede cambiar el sentido de un discurso, es bien sabido. Que la retórica depende de las comas y matices, tampoco es un secreto. Que ese tácito acuerdo social que llamamos cultura se forja con palabras deslizadas de boca en boca y expresiones que hacen fortuna, es algo que hemos de mantener muy presente, para no caer en los errores provocados por la sinonimia entre el “similar” y el “parecido”.

Entre ocio y cultura hay un abismo de significados, una escala de grados que oscilan entre la comodidad de un viaje y el compromiso de una performance; y sin embargo, ocio y cultura son, en El Periódico algo lo suficientemente parecido para encabezar una sección en la que encuentras la cartelera de cine –con la respectiva crítica- y las propuestas más apetecibles para una guarnición perfecta. Particularmente, para El Periódico la televisión no pertenece a ninguno de los dos ámbitos, encabezando la sección de “gente y TV”, a continuación de “ocio y cultura” -y es de remarcar que el ocio preceda a la cultura, que según parece, es una forma más del primero-. Es seguramente por esta priorización del ocio que El Periódico se decanta por los titulares cinematográficos, que, al margen de los premios Oscar, incluyen una sección de videoclub y la cartelera de cine. La cultura, en la acepción más popular de la palabra, queda relegada a una agenda en un espacio “familiar”, similar al dedicado a los viajes o a la gastronomía.


Para La Razón, en cambio, las etiquetas merecen gran cuidado, no es lo mismo cultura que TV o sociedad. Y en este afán de catalogar todas las posibles temáticas de la Editorial, nos ofrecen secciones tan llamativas como “los toros” o “religión”. De un afán tan esquemático solo puede surgir una sección cultural estructurada sobre los pilares de aquello que, por consenso social, se considera parte del acontecer cultural: el cine, la literatura y la música. Verdad es que también existe el subapartado “cultura” donde se acogen todas aquellas nuevas culturales –valga la redundancia- que no encajan en el panorama cinematográfico, literario o musical, formando así un círculo viciosamente cerrado de conceptos que solo se definen aludiendo a sí mismos.

En La Vanguardia la cultura –que no el ocio, o la gente-, cuenta con una sección propia que incluye la vertiente económica –e incluso política- de ese mundo llamado cultural, con referencias a las recaudaciones del cine o a las leyes de derechos de autor, temas candentes en el presente momento. Cuenta, además con un apartado dedicado al teatro y otro a la relación entre el propio diario –La Vanguardia- y la lengua catalana, sin descuidar los ya conocidos, cine, música y libros, pilares fundamentales de todo texto de dominio público, y más aun, masivo, que aspire a hablar de la cultura... y de otras muchas palabrejas.

viernes, 11 de junio de 2010

Cibercafé


Las nuevas tecnologías permiten, día a día, mayores grados de sofisticación que quizá no faciliten nuestra existencia, pero que sin duda alguna, la hacen más entretenida. A este boom informático se suman también los sectores culturales. Recientemente el MoMA de New York ha diseñado una nueva aplicación, próximamente activa, que permite planificar y compartir visitas al museo según el perfil de usuario en Facebook.
Gracias a las redes sociales el privilegio de los coleccionistas de antaño se democratiza y está al alcance de todos enseñar a nuestros conocidos esa amalgma interior que algunos llaman alma y otros cortex cerebral. Más aun: nos permite captar su atención.
Es el plus de la interactividad y los soportes multimedia. Nuestras conversaciones son amenizadas con imágenes en formato JPEG o videos de Youtube. El esfuerzo de los genios de la informática y nuestros mínimos conocimientos de windows convierten nuestra vida en un producto más atractivo que el último estreno de cine.
Sin embargo, algunas veces caemos en un exesivo horror vacui, la expresión sin restricciones nos lleva a largas letanías sentimentales. En un idioma que cuenta con más de 100 000 palabras -según la RAE- hay suficientes sinónimos para llenar páginas enteras.
Es entonces cuando trasladamos el oficio del diván a nuestro muro -o a la bandeja de entrada de mensajes-, obligando a todos nuestros contactos a ejercer de psicoanalistas. Es inútil que limitemos el número de palabras, a veces, con una sola basta para desatar el caos en vidas ajenas a la nuestra.

jueves, 3 de junio de 2010

Café latte en el fin del mundo



El mundo se acabará en el 2012, dicen los que ya lo saben. O por lo menos acabará el mundo tal como lo conocemos. Que solo sobrevivirán las cucarachas, dicen algunos, mientras que otros extienden la benevolencia a los elegidos, pues se habla también de un tiempo posterior al final mismo de los tiempos y de un porvenir de bienaventuranza que arribará cuando ya no existan ni el presente, ni el pasado, ni el futuro.
Y como siempre que sobrevienen los pánicos de fin de siglo, década o milenio -dada nuestra marcada predilección por los números múltiplos de dos y cinco-, inundamos nuestras mentes con imágenes apoalípticas, guerras, catástrofes naturales y cracks financieros entremezclados con arengas moralistas. Los pánicos del fin de los tiempos siempre nos advierten sobre que bando elegir en el presente.
Tambén en el año mil se acabaría el mundo, advirtió Beato de Liébana, y quizá fue así para quienes perecieron en la hambruna del momento, en las pestes, en las batallas de señores feudales o, posteriormente, en las cruzadas. O quizá poco después cambió el mundo, al emerger las ciudades en un occidente rural y fragmentado. Pero seguro no fue el fin de los tiempos, pues según doctos monjes este acontecimiento se pospuso para alguna fecha cercana al año 1290.
Ahora también sabemos que los monjes, con sus primitivos cálculos anteriores al desarrollo de las ciencias matemáticas se equivocaban, como también se equivocaron quienes creyeron que el mundo colapsaría junto a los ordenadores en el advenimiento del 2000.
Los mayas son más acertados. El mundo acabará en el 2012. Preparaos y acatad las instrucciones para disfrutar del tiempo que vendrá después de los tiempos.

martes, 25 de mayo de 2010

100% arábiga


Bebido al compás de los acordes de pop-rock del altavoz del Macdonald's de Passeig de Gràcia, frente a una pared decorada con imágenes de lechugas apetitosamente verdes, 100% frescas, como todo en el Macdonald's, y teniendo por fondo la iluminación del frío sol de mayo sobre las calles de Barcelona.
Aquí donde lo veo, este café ha recorrido distancias inconmensurables, ha surcado las aguas, a traspasado aduanas y fronteras antes de ingresar en territorio comunitario. Ha conocido el sol picante de otras tierras, después de haber crecido en la humedad del cafetal. Es, pues, un cafe imigrante.
Un café errabundo, expatriado, exportado.
Es, como yo y como muchos, un extrajero.
Es como todos, por que después de las migraciones de la historia, ¿quién puede decir que está en su propia tierra?
¿Acaso tiene suerte de estar aquí?

lunes, 24 de mayo de 2010

América se extiende más allá...

Es algo más que la bandera de barras y estrellas, sus más de 42 millones de kilómetros abarcan desde el Océano Glacial Ártico hasta las islas Diego Ramírez en Cabo de Hornos, Chile.
América del Norte es también México, aunque su acento poco anglosajón nos haga pensar lo contrario. Y América es también Canadá, pocas veces nos detemos a reflexionar sobre ello.
América continua más al sur, irguiendo los terriorios más recientes de la historia de la Tierra sobre placas tectónicas, inestable. Y los habitantes de estos más de diez paises no solo son centroamericanos, son, también, americanos, por que América Central y las Antillas no son, como algunas veces imaginamos, un fragil puente enre dos mundos, son, ante todo, parte de este continente.
América también es América al pasar el paralelo cero en dirección a la Antártida. Y sigue siendo América el verde corazón selvático donde aún no llegan las lenguas europeas. América del Sur, folklórica y latina es tan americana como Alaska o New York.
América es una amalgama de culturas índigena, europea y africans que han llegado de buen grado o por la fuerza, contra su voluntad.
El sueño americano debería ser, además del que imaginan tantos migarntes, el sueño de todos los que duermen desde Alaska hasta Cabo de Hornos
Cuidado con los términos. Hay pueblos a los que se ha despojado ya de muchas cosas, como para además quitarles su propio nombre. América es una sola...
Se ha enfriado el café... americano.

viernes, 30 de abril de 2010

Arlequino se detiene a tomar café americano...

Media noche. Antes de que me envuelvan las sombras de los sueños tomo entre mis manos el último café del día. Americano caliente con edulcorante. El aroma profundo asciende y entre las volutas de vapor se enredan las palabras que serán y que aun no son.
Y escribo.
Hacía mucho no escribía y estas palabras nonatas invadian las conexiones sinápticas de mis neuronas y se encrespaban en mis dedos formando una maraña densa entre los nervios.
Escribo.
Desde el rincón que antes me pertenecía traslado todos los retazos de colores, los recuerdos de mi mente, y los dejo sobre este, mi escritorio, junto a un buen café.

Del amor y otros demonios


"Te amo para amarte y no para ser amado, por que nada me place tanto como verte a ti feliz" decía George Sand, y quizá tuviera razón, por que se ama más por colmar las propias ansias que por la vanidad de ser correspondido.

Y es que todos amamos, en algún momento de nuestras vidas; todos sentimos ese hálito vital que nos embriaga, que dota de nuevos sentidos la existencia, que pinta nuevos coleres en nuestro mundo; todos, el algún momento sentimos ese no se qué que viene acompañado de música e inunda los rincones silenciosos y profundos con sus notas dulces... o trágicas.
Por que el amor a veces duele. Y a veces, también enferma...
Pero, ¿qué es el amor? ¿un cóctail de sustancias químicas que inundan nuestro cerebro? ¿un estado anímico? ¿el más puro sentimiento? ¿una ponzoña vertida en nuestra sangre gracias al flechazo de los querubines? ¿el designio de los dioses?
Nadie lo sabe con certeza. El amor... el amor es indescifrable.
También es ubicuo, por que el amor... el amor está presente en todas partes, es el rayo de sol que ilumina nuestras mañanas, la velocidad del tren, el cambio de color en el semáforo. El amor, como la belleza, no se encuentra en la rosas, está en nuestro interior.
Es que el amor... el amor es intangible. Y nosotros, en un increible ejercicio de abstracción, lo atribuimos a quienes amamos y a todo aquello que nos rodea. Lo hacemos por que amamos, por que estamos enamorados.
El amor es algo tan subjetivo y personal...
Y si no lo fuera, si tuviera sus leyes escritas, sus fórmulas, ¿sería amor?

31 de marzo 2009
www.elrincondearlequino.blogspot.com