
El actor es un monstruo. Finge ser otra persona. Sube al escenario y nos engaña, vestido con la piel de otro, escondido tras de ajenos gestos; frío y calculador, sabe que palabra decir y con que entonación para arrancarnos los más hondos sentimientos, para lograr la catharsis, para llevarnos a la redención. El actor se prepara, concienzudamente, ensaya varias veces los libretos, los lee, los relee, repite una y otra vez los movimientos, y al mirarse en el espejo mientras se maquilla, sabe que no es su rostro el del reflejo. Sabe que maquilla al personaje. El actor es un demonio que ha vivido muchas vidas.
El teatro es una farsa. Y no solamente en el sentido de comedia. El teatro es un engaño, un auto engaño, lo sabemos, lo que ocurre en frente nuestro es ficticio y aun así creemos, queremos creerlo. Necesitamos creerlo. Es engaño, y sin embargo, no hay verdad más absoluta que el teatro, no hay nada más humano. Ha estado con nosotros desde los orígenes del tiempo. Es el espejo en que nos miramos, la esencia de nuestro ser. Es un juego. Es jugar a conocernos, a vivir una realidad ficticia, fingir una verdad, hacer posible lo imposible... El teatro es necesario, es una manera de aproximarnos a nosotros mismos, de descubrir otras facetas nuevas de nuestra humanidad. El teatro es un camino para despertar el alma.
Surgió con la imitación, la simple imitación, la imitación de las cosas, de los gestos, la imitación de las palabras abstractas y sin más sentido que el del mythos. Pero el teatro es más que eso, el teatro es un rito, es una religión... de hecho, el teatro nace con la religión, la acompaña, la apoya y se nutre de su fe. Pero es independiente, sigue su camino. Y su camino es largo, ha cambiado, evolucionado, adoptado nuevas formas, tendencias, escuelas, academias. Pero su esencia es la misma, humana, profunda y reflexiva. Continúa retornándonos a nuestra naturaleza, a lo original, a lo primario, nos pone frente a un espejo y nos enseña el reflejo que es el mismo de hace cientos de años. El teatro es indefinible, inexpresable y expresivo. No hay nada como sentirlo... Simplemente, el teatro es teatro.
Y el actor... el actor es un artista, he dicho que es un monstruo y un demonio, y también un ser humano, un ser perfecto en todas sus imperfecciones, capaz de la gran hazaña de desprenderse de si mismo para darle vida a otro ser...
Hoy es el día del teatro. Y en verdad que merece un día, como todas las cosas importantes, como todas las cosas de este mundo. Hoy es el día del teatro, hoy hasta la media noche.
27 de marzo del 2009
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