viernes, 30 de abril de 2010

Arlequino se detiene a tomar café americano...

Media noche. Antes de que me envuelvan las sombras de los sueños tomo entre mis manos el último café del día. Americano caliente con edulcorante. El aroma profundo asciende y entre las volutas de vapor se enredan las palabras que serán y que aun no son.
Y escribo.
Hacía mucho no escribía y estas palabras nonatas invadian las conexiones sinápticas de mis neuronas y se encrespaban en mis dedos formando una maraña densa entre los nervios.
Escribo.
Desde el rincón que antes me pertenecía traslado todos los retazos de colores, los recuerdos de mi mente, y los dejo sobre este, mi escritorio, junto a un buen café.

Del amor y otros demonios


"Te amo para amarte y no para ser amado, por que nada me place tanto como verte a ti feliz" decía George Sand, y quizá tuviera razón, por que se ama más por colmar las propias ansias que por la vanidad de ser correspondido.

Y es que todos amamos, en algún momento de nuestras vidas; todos sentimos ese hálito vital que nos embriaga, que dota de nuevos sentidos la existencia, que pinta nuevos coleres en nuestro mundo; todos, el algún momento sentimos ese no se qué que viene acompañado de música e inunda los rincones silenciosos y profundos con sus notas dulces... o trágicas.
Por que el amor a veces duele. Y a veces, también enferma...
Pero, ¿qué es el amor? ¿un cóctail de sustancias químicas que inundan nuestro cerebro? ¿un estado anímico? ¿el más puro sentimiento? ¿una ponzoña vertida en nuestra sangre gracias al flechazo de los querubines? ¿el designio de los dioses?
Nadie lo sabe con certeza. El amor... el amor es indescifrable.
También es ubicuo, por que el amor... el amor está presente en todas partes, es el rayo de sol que ilumina nuestras mañanas, la velocidad del tren, el cambio de color en el semáforo. El amor, como la belleza, no se encuentra en la rosas, está en nuestro interior.
Es que el amor... el amor es intangible. Y nosotros, en un increible ejercicio de abstracción, lo atribuimos a quienes amamos y a todo aquello que nos rodea. Lo hacemos por que amamos, por que estamos enamorados.
El amor es algo tan subjetivo y personal...
Y si no lo fuera, si tuviera sus leyes escritas, sus fórmulas, ¿sería amor?

31 de marzo 2009
www.elrincondearlequino.blogspot.com

El día era día hasta la media noche



El actor es un monstruo. Finge ser otra persona. Sube al escenario y nos engaña, vestido con la piel de otro, escondido tras de ajenos gestos; frío y calculador, sabe que palabra decir y con que entonación para arrancarnos los más hondos sentimientos, para lograr la catharsis, para llevarnos a la redención. El actor se prepara, concienzudamente, ensaya varias veces los libretos, los lee, los relee, repite una y otra vez los movimientos, y al mirarse en el espejo mientras se maquilla, sabe que no es su rostro el del reflejo. Sabe que maquilla al personaje. El actor es un demonio que ha vivido muchas vidas.
El teatro es una farsa. Y no solamente en el sentido de comedia. El teatro es un engaño, un auto engaño, lo sabemos, lo que ocurre en frente nuestro es ficticio y aun así creemos, queremos creerlo. Necesitamos creerlo. Es engaño, y sin embargo, no hay verdad más absoluta que el teatro, no hay nada más humano. Ha estado con nosotros desde los orígenes del tiempo. Es el espejo en que nos miramos, la esencia de nuestro ser. Es un juego. Es jugar a conocernos, a vivir una realidad ficticia, fingir una verdad, hacer posible lo imposible... El teatro es necesario, es una manera de aproximarnos a nosotros mismos, de descubrir otras facetas nuevas de nuestra humanidad. El teatro es un camino para despertar el alma.
Surgió con la imitación, la simple imitación, la imitación de las cosas, de los gestos, la imitación de las palabras abstractas y sin más sentido que el del mythos. Pero el teatro es más que eso, el teatro es un rito, es una religión... de hecho, el teatro nace con la religión, la acompaña, la apoya y se nutre de su fe. Pero es independiente, sigue su camino. Y su camino es largo, ha cambiado, evolucionado, adoptado nuevas formas, tendencias, escuelas, academias. Pero su esencia es la misma, humana, profunda y reflexiva. Continúa retornándonos a nuestra naturaleza, a lo original, a lo primario, nos pone frente a un espejo y nos enseña el reflejo que es el mismo de hace cientos de años. El teatro es indefinible, inexpresable y expresivo. No hay nada como sentirlo... Simplemente, el teatro es teatro.
Y el actor... el actor es un artista, he dicho que es un monstruo y un demonio, y también un ser humano, un ser perfecto en todas sus imperfecciones, capaz de la gran hazaña de desprenderse de si mismo para darle vida a otro ser...
Hoy es el día del teatro. Y en verdad que merece un día, como todas las cosas importantes, como todas las cosas de este mundo. Hoy es el día del teatro, hoy hasta la media noche.

27 de marzo del 2009
www.elrincondearlequino.blogspot.com

Arlequino se presenta

Con su traje de colores, de retazos, de colores retaceados, con su negra máscara de cuero y su expresión de niño malcriado; con sus gestos demoniacos, sus piruetas y acrobacias, ha llegado, entra en escena, le acompaña su candor.
El traje remendado y de colores fue desde un comienzo un signo más de su pobreza, y ¿qué es ahora? su riqueza, su esplendor.
Y su rincón... este rincón... un lugar para guardar los retazos olvidados, el pasado, las ideas de colores diferentes, divergentes, conciliables... Un baúl de sentimientos, pensamientos, percepciones, sensaciones, ideales.
Un lugar para tener de todo un poco, compartir y comentar, armonizar