
Bebido al compás de los acordes de pop-rock del altavoz del Macdonald's de Passeig de Gràcia, frente a una pared decorada con imágenes de lechugas apetitosamente verdes, 100% frescas, como todo en el Macdonald's, y teniendo por fondo la iluminación del frío sol de mayo sobre las calles de Barcelona.
Aquí donde lo veo, este café ha recorrido distancias inconmensurables, ha surcado las aguas, a traspasado aduanas y fronteras antes de ingresar en territorio comunitario. Ha conocido el sol picante de otras tierras, después de haber crecido en la humedad del cafetal. Es, pues, un cafe imigrante.
Un café errabundo, expatriado, exportado.
Es, como yo y como muchos, un extrajero.
Es como todos, por que después de las migraciones de la historia, ¿quién puede decir que está en su propia tierra?
¿Acaso tiene suerte de estar aquí?